UN VIAJE DE AVENTURA AL DESIERTO DE LA TATACOA

El desierto de la Tatacoa  es una belleza nacional que se ha mantenido  a través del tiempo como uno de los escenarios naturales más atractivos del país. Este destino en el Huila es ideal para la aventura, la contemplación astronómica y para descubrir paisajes áridos.

 Está ubicado al norte del Departamento del Huila a 38 kilómetros de la ciudad de Neiva y es la segunda zona árida más extensa del país. Con 56.000 hectáreas el desierto de la Tatacoa brinda a sus visitantes un espectáculo visual con sorprendentes paisajes; estar en este paraje huilense es visitar otro  mundo, en el día predominan los colores naranja del suelo árido, el verde de los cactus y el azul del cielo. Pero en la  noche, llega la  oscuridad y el blanco se convierte en protagonista junto a la luz de la luna y a un cielo estrellado que  permite apreciar constelaciones.

Motivados por la campaña Huila un destino por descubrir, salimos al mediodía de Neiva hacia la población de Villavieja, unos 45 minutos de camino por una carretera pavimentada. Luego de pasar el pueblo y conocer  el Museo Paleológico,  el cual contiene más de 600 muestras de fósiles de animales y humanos que se han encontrado en la zona, decidimos continuar con el  recorrido de seis kilómetros restantes  hasta llegar al desierto y allí encontrarnos no solo con la espectacularidad del paisaje sino también con diversos atractivos turísticos.

Iniciamos el recorrido en el Cuzco, una de las cuatro áreas que tiene el desierto. Y es que la Tatacoa no es un desierto común: no tiene dunas, sino ‘montañitas’ de tierra, que van del naranja al rojo, unas bajitas, de 50 centímetros, y otras altas de hasta más de cuatro metros. Nos pusimos en marcha y empezamos a adentrarnos en el laberinto de cuzco… como todo desierto su flora se caracteriza por cactus que tienen una altura hasta los cuatro y cinco metros; su fauna se identifica por tener una variedad de serpientes, arañas, escorpiones, lagartos, roedores, chivos e incluso águilas que adorna este gran panorama.

Sector el Cuzco - Villavieja 4

El sol es fuerte y el calor desgastante, por eso en medio del desierto a 40 grados centígrados existen pequeños oasis y uno de ellos son los Hoyos,  característicos  por tener las primeras piscinas de agua natural del lugar, un lugar recreacional que encanta a turistas por el contraste que generan al  estar inmersos en  obras de arte formadas por la erosión, el agua y el viento.

En el desierto de la Tatacoa habitan pocas familias, sin embargo, las ofertas hoteleras varían desde lujosos y exclusivos hoteles donde la noche tiene un valor de 360.000 hasta zonas de camping para que los aventureros puedan descansar y montar su carpa por tan solo $ 30.000. Los restaurantes en el sector también varían en precios y gustos, es fácil encontrar comida típica de la región al igual que platillos gourmet.

Cae la  tarde y la escena se torna mágica, este es el momento en el que el sol se esconde y la luna aparece al mismo tiempo, el cielo se llena de colores rosa, amarillo y naranja. Posteriormente, en la noche visitamos el observatorio astronómico y contemplamos el cielo adornado de estrellas, planetas, cometas y otros cuerpos celestes.

Hay fotografías de la Luna y de algunos planetas, todas captadas desde este lugar. Nos dirigimos a una terraza en donde hay cuatro grandes telescopios, y nos disponemos a escuchar al director del observatorio, quien ubica con un láser algunas constelaciones como  Orión y Alfa Centauri. Y señala las estrellas. Marte, la luna y Saturno son los destinos finales  de nuestra mirada al universo.

Es hora de partir  y mientras recogemos nuestra cosas escuchamos las recomendaciones de turistas que nos invitan a conocer otros atractivos en lugares como  lo son  las piscinas de agua freática, el poso de lodo, los diversos miradores y hasta el ovni-puerto.

Definitivamente esta fue, es y será una aventura increíble que nos  enseña a descubrir no solo una región de nuestro país sino también apreciar la belleza de la vida y la naturaleza hasta en el terreno más lejano, árido y hostil.