MI NOCHE CON DANI, LA PEQUEÑA PUTITA

Aún recuerdo mis días en los que apreciar la desnudes de una mujer era una gran hazaña, en aquel entonces se vivía la adolescencia de otra manera y la curiosidad de experimentar nuevas sensaciones sexuales se acrecentaban con los años y claro está, aparecían cada uno de mis amigos que alardeaban de sus visitas a las residencias de las mujeres que mi abuela solía llamar: “mujeres de la vida alegre”.

Eran características fáciles de identificar estas casas de citas, sus reconocidas cortinas contrastaban en color con el bombillo rojo de la puerta sinónimo de erotismo y sexualidad que las dejaba en evidencia, remplazando así la mejor valla publicitaria que en la época podía existir. Con el paso de los años la gran hazaña se convirtió en algo de cada fin de semana y el pequeño Juanito que era yo, ahora es todo un don Juan.

En mis noches la compañía era esencial y más si se trataba de María Fernanda o como prefería que la llamaran la linda “Mafe”, de ella me enamoré perdidamente al punto de terminar ebrio en la barra de un bar llorando el día que se fue a vivir con su familia a los Estados Unidos. Ahí inició la historia de dolor que me impulsaban a conseguir compañía a cualquier precio.

Diego es uno de los compañeros de la universidad que durante muchos semestres me ha contado sus frecuentes interacciones con mujeres que a cambio de dinero le brindan placer y según sus testimonios “sí que dan  placer”. Él es uno de los tantos caballeros que disponen de los servicios sexuales que cada noche miles de mujeres en la ciudad salen a ofrecer en establecimientos nocturnos, hombres aparentemente maduros, otros no tanto, más bien diría jóvenes con experiencia o sin experiencia en el tema dado del caso. O simplemente personajes como yo, que en medio de la rumba son influenciados por su círculo de amigos y termina en la puerta de un famosísimo burdel.

Las coordenadas son 15-1 más exactamente en una esquina. Esa noche me encontraba allí situado y la sensación de curiosidad era igual a la de cuando tenía 15 años y veía desde la distancia los prostíbulos en la zona de tolerancia, con la diferencia que esta casa de citas es un edificio lleno de luces donde no solo predomina el color rojo. Así que sin pensarlo mucho entramos donde las “estrellas”, en comparación de algunos amigos con los que me encontraba no miré para los lados pues nunca me he guiado por los prejuicios sociales.

El primer filtro del lugar son las escaleras donde está el portero y luego de los procedimientos rutinarios estamos en el epicentro de la diversión, como era de esperarse el ambiente es totalmente fiestero, donde predomina la música, el alcohol y las mujeres semidesnudas bailando por doquier, aquí es donde el exhibicionismo encuentra su lugar en medio de miradas morbosas llenas de lujuria y cortinas de humo. Justo en ese momento el reflejo de uno de los espejos me mostró la silueta de una hermosa mujer que se hacía llamar “Dani”, inmediatamente me cautivó su lindo rostro y espectacular cuerpo, nos miramos un par de veces y me acerqué haciendo una pregunta bajo instrucciones de Diego, ¿Cual es su tarifa?, ella respondió con fina coquetería: – 50.000 bebé, así que miré alrededor y detenidamente observé a las demás “niñas” del lugar, cuestionándome si ella era la indicada, lo que encontré fue unas mujeres de la edad de mi mamá, demasiado viejas para mí, las otras eran muy gordas, me sentiría como en un parto; algunas con prótesis se veían tan aclamadas y ofertadas que probablemente en su listado de la noche yo sería el número diez, así que mejor no, entre la clientela del lugar vi a una chica que era demasiado flaca, pensé que no soportaría la faena, para finalizar el paneo óptico, vi una mujer que no parecía tan mujer así que no me arriesgué, volví en sí y junto a mi estaba Dani con su seductora mirada y minifalda sexy. Caminamos hasta la habitación con la promesa de que la pasaríamos muy bien lo que ayudaría a distraer mi pena, producto del desamor con Mafe.

Me senté en el borde de la cama visualizando la salida por si era necesario correr, la habitación era poco iluminada acompañada de un baño sucio y cortinas viejas, ella se quitó rápidamente la ropa y de sus pechos eran las dos grandes razones para estar con ella; sin embargo, me seguía intrigando de que constaba el servicio, “básicamente es oral y vaginal”, contestó con un tono como si estuviese impulsando una crema para esas partes del cuerpo en un supermercado de cadena, las dudas continuaron, entonces le pregunté: – ¿Como es tu nombre, y de donde eres?, Me contestó con las convencionales respuestas que uno por lo regular espera de ellas. “Me llamo Daniela y soy de Pereira, pero acá las niñas me dicen Dani”, dijo sonriendo sarcásticamente; al escucharla vi la tristeza de sus ojos acabando con los pocos destellos de inocencia que le quedaban, hay pude entender que al igual que a mi algo la lastimaba. Así que los próximos 20 minutos de placer sexual que estaba pagando terminarían en unas terapias de psicoanálisis. Le pedí que se sentara cerca de mí y me contara más detalles de su vida y profesión, a lo que respondió: – “¿enserio?…Bueno, papi usted hace con su tiempo lo que quiera”.

Se puso cómoda sin la necesidad de vestir su cuerpo y aunque según ella lleva 2 años en esta profesión ha visto toda clase de hombres, unos impotentes fáciles de complacer, otros lujuriosos con insaciables fantasías y los infaltables… los violentos. Empezamos a conversar y ella lo hacía con carácter, afirmando que en este trabajo se necesitaba tener “agallas” para tratar con clientes y hacerse respetar, sus días los vive en Pereira al lado de su mamá y su hijo Samuel de tres años, del cual quedó embarazada cuando tan solo tenía 16, respecto al papá del niño afirma que la abandonó evadiendo su responsabilidad pero que nunca lo ha necesitado. Sin embargo, aunque ha cometido errores nunca se arrepiente de lo vivido, es por eso que todos los fines de semana viaja hasta Ibagué para invitar a hombres ansiosos de sexo a pagarle para calmar esa ansiedad. De su experiencia como prostituta reconoce que no es el mejor camino para sacar adelante a su hijo, el verdadero motor de su vida, y en el que piensa sacrificantemente a la hora de cumplir lo pactado con sus diferentes clientes noche a noche.

Inició a los 18 años en un pueblo cerca de Pereira por el motivo que muchas lo hacen, la falta de oportunidades educativas y económicas, pero lo que en verdad la motivó fue el dinero aparentemente fácil de conseguir, pues en seis clientes hizo el capital suficiente para suplir todos los gastos de una semana y mantener a su familia. Pero aun así, no recomienda esta vida ni a su peor enemiga. Entre tantos que hablamos me llamó la atención el tema de su novio, quien no sabe sobre su profesión.

“Él piensa que yo trabajo en un hotel acá en Ibagué porque si le cuento obvio me termina y yo lo quiero, siento que hago lo que hago por el bien de mi hijo y para mi novio tengo algo que solo le doy a él y es mi placer”, ¿entonces, los orgasmos son falsos?, “Si, la verdad si, casi nunca tengo un orgasmo por que los clientes no me gustan, aunque cuando están buenos me logran excitar”.

A cinco minutos de terminar el tiempo disponible en nuestra habitación logré hacer que me confesara pequeñas intimidades de su vida y las de sus compañeras de profesión, la más triste fue el hecho de que el gran amor de su vida, un novio que tuvo poco después del nacimiento de su hijo fue el que la incitó y le mostró el mundo de la prostitución, hecho que aún le causa decepción, o la primera vez que estuvo con un cliente y él sin cuidado alguno la lastimó, estas y otras reseñas en detalle también me compartió, algunas propias otras de sus compañeras, en fin todas impactantes; por ejemplo, los sucesos que vivió Helena, una prostituta del mismo bar que fue maltratada y abusada por uno de sus clientes en un motel al punto de dejarla desahuciada en la habitación, el motivo fue que él la descubrió en infraganti robándole su dinero mientras se duchaba, hecho que desató en ella mecanismo de autodefensa los cuales exterioriza a través de su agresividad y frivolidad.

Tocan a la puerta y lo hacen con golpes fuertes que evidencian la intención de interrumpir el acto sexual, hecho que en algunos clientes genera desagrado e inconformismo, pues no lo logran saciar completamente sus pasiones, (lo confiesa riendo a carcajadas), se viste con la rapidez con la que se desnudó y sale de la habitación sin decir un adiós. Ya es casi media noche y me encuentro nuevamente en la mesa con mis amigos, y en la pista de baile el DJ notifica lo esperado por muchos, el show de medianoche con su sensacional segmento de “sexo en vivo”.

Pasados unos minutos del anuncio y entre la multitud, soy testigo del trato que recibe la hermosa Dani, una mujer amable y temerosa, la que durante 20 minutos, más que desnudar su cuerpo y satisfacer mis deseos carnales, logró deleitar mi espíritu con la desnudes de su alma, mostrándome la esencia de su vida, la tragedia pasiva de sus noches, las pasiones de su corazón, y los temores y tristezas que la han venido asechando… esa misma mujer igual que las demás, delicada y frágil que se esconde tras una máscara de maquillaje y ropas vulgares, es la protagonista en ese instante de la noche del espectáculo mundano, que tiene como escenario un viejo colchón tirado en el centro de la pista de aquel bar, en donde un hombre sin escrúpulos  la espera para poseer su cuerpo públicamente y así entretener a la audiencia, producto de una sociedad enferma, todo para él representa placer, egoísmo y una victoria machista a cambio de una botella de licor que obtendrá si cumple con su propósito.

Mi estadía en el bar se torna confusa, miro fijamente a la mujer que me enseñó que no todas las que están en esta profesión lo hacen por necesidad, sino que además hay quienes eligen conscientemente esta ruta pensando en su facilidad para obtener dinero a cambio de un poco de placer, sin más preámbulos su sonrisa fingida es la señal de despedida que nos damos, la observo una vez más y en ella no encuentro la máquina de placer o la mercancía de sexo que otros seguramente ven, como era de esperarse ya es hora de partir y lo hago con la convicción de que nunca olvidaré a la linda Dani, a mi Dani la pequeña putita.

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