LIMPIA VIDRIOS DE PROFESIÓN

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Cuantas cosas esconden las personas que trabajan en la calle, su vida, su “horario de trabajo” y sobre todo, que sienten cuando trabajan, cuando hay una moneda o cuando no. Ésta es la suerte de los que no han sido escuchados.

Mas conocido como “Marquitos”, este joven de 17 años se levanta muy temprano y alista todos sus útiles. Llega hasta el semáforo de la quince con cuarta, cierra los ojos, ora y le pide a Dios que le vaya bien, pues no quiere quedarse sin un peso esta noche.

Él no sabe mucho de matemáticas pero entiende que tiene menos de un minuto (lo que dura el semáforo de ese sector de rojo a verde) para lavar los vidrios de los carros que pasan por esa calle.

Su esperanza se enciende como el semáforo que ahora está en rojo, pero le dura tan poco, como el tiempo que dura el semáforo cuando está en verde. En pocos minutos, empieza a limpiar los vidrios de los carros, muchas veces le pitan o le echan el carro para que no lo limpie, le suben las ventanas y los conductores miran su agonía al rogarle que le den una moneda para que pueda comer por la noche. Su tristeza queda por siempre impregnada en la ventana del conductor que a veces no tiene la conciencia de los niños de la calle.

La suerte es la que gobierna ahora y el “no tengo” abunda en las respuestas. Otro turno en el que no gana nada, otro turno en el que se irán las manos negras de trabajo, mientras contempla la crueldad de una ciudad.

Han pasado dos días y Marquitos no aparece en la calle, pareciera que se hubiera tomado el día libre, quizás hoy no venga a trabajar; en cambio, sus compañeros de “oficina” como ellos dicen, se esfuerzan por ganas más, aprovechando que él no viene, o quizás le ayuden cuando regrese; pero este mundo, donde escasea la plata, donde cuesta trabajo trabajar, son mucho los infantes los que hacen este trabajo para ayudar a la familia. Sobrevivir en este mundo tan extraño y complejo e incluso para evitar caer en la pena de pasar hambre.

Después de tanta ausencia de Marquitos, se entiende que no volverá, tal vez consiguió un verdadero empleo o simplemente cambió de escenario y ahora se encuentra viviendo su rutina diaria en algún semáforo de otro punto de la ciudad con la esperanza de tener como salario 12.000 pesos.

Marquitos otro de los muchos jóvenes colombianos que no tienen más opción que ser limpia vidrios de profesión. 

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