LA LOCURA DE LA EDUCACIÓN

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“Pensar como un niño no es tarea fácil y más cuando se quiere inculcar una educación constructivista.”

 

 

Una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido en mi corta vida es ser docente de primaria, la mayoría de las personas que escucharon sobre esta nueva actividad a realizar me “alentaron” con gestos de desaprobación y pensamientos que fácilmente se podían leer, y no de aquellos que te harían sentir cómoda, sino que transmitían un “pobre niña, no sabe en lo que se está metiendo”.

Al comienzo tenia cierto miedo de experimentar algo nuevo, salirme de la rutina, probar de mi nivel de paciencia y tolerancia, y lo más importante llegar a sentir un agrado hacia los niños (lo último se debe a que he tenido malas experiencias al tratarlos, casi siempre terminan llorando), por lo cual, tenía una ardua tarea que solucionar en pocos días antes de empezar como tal mi labor.

Los días transcurrían y las ideas fluían, me puse a ver vídeos, rondas musicales, actividades que tal vez podrían funcionar para amenizar las clases, soñaba despierta de como serian cada uno de los diablillos que tenía que “lidiar” y a lo último me adentré a aquella etapa de ser positiva y esperar que los resultados fueran perfectos.

El primer día de clase fue algo emocionante, conocí los niños de cuarto, quinto y primero. Los primeros dos cursos que acabo de nombrar son asombrosos. En primera instancia, los alumnos de cuarto son alegres, espontáneos, impredecibles y a pesar de sus bromas son chicos que trabajan y tienen ansias de aprender… aunque bueno están sus excepciones, debido a que mientras los niños son realmente imperativos las niñas son delicadas y reflejan aquel respeto hacia las terceras personas; sin embargo, hay una alumna en especial que tiene en su mirada un mar de secretos, no sale casi nunca de su puesto hasta la hora de la salida, no habla con nadie y lo único que hace es dibujar, hacer la tarea para la clase siguiente o a veces preguntarme sobre cosas que van relacionadas con la pubertad, como el conocer algún niño, el enamorarse, el ser popular para ser más atractiva, etc. Lástima que ella le pregunta a la persona equivocada, a causa que en esos temas soy algo fría y no tengo tacto al responder lo que quiere escuchar.

Los pequeños de quinto también son bromistas, se quieren pasar de listos, pero al fin de cuentas un sano bullying de mi parte hace que las cosas cambien de rumbo y los niños estén prevenidos para responder como se debe… tristemente todavía no saben cómo salir victoriosos. En ese salón se encuentra el bufón que saca chistes del tema y para seguirle la corriente lo reto a que lo exprese en inglés, si tiene ánimos para interrumpir la clase es porque sabe el tema a la perfección, su risa de miedo es contagiosa y sus compañeros siempre se ríen de él, y claro yo no pierdo la oportunidad para unirme en ese pequeño descanso que mi alumno me brinda.

Otro joven es el más grande del colegio, él no sabe respetar el espacio de uno, prácticamente queda a unos centímetros de mi cara cuando habla conmigo y sin poder soportar aquella situación le expreso que respete mi circulo para que no termine de sofocarme. Además, él tiene algo “peculiar” para hacerse “el interesante” … mantiene mintiendo, para tener algo de aprobación en el mundo de los mayores…después de todo es un niño que está adentrándose a la pubertad, no se espera nada diferente.

Por otro lado, hay un pequeño diablillo, tiene una malicia que solo su madre se lo aguantaría. Es muy listo, pero le encanta llevar la contraria y a causa de eso ha terminado copiando de pie hasta terminar la clase.

Podría seguir hablando sobre cada uno de los jóvenes de ese grado, pero en resumidas cuentas solo puedo expresar de nuevo que ellos son espectaculares, alegres, preguntan sin miedo, teniendo como resultado gratos agradecimientos, por ejemplo, uno de mis alumnos de quinto me llegó a expresar lo siguiente: “teacher, lo que nos enseñó nos sirvió para el examen”, o en otro caso recibir cartas de las niñas que sin temor escriben un simple “te quiero”…  esos pequeños detalles hacen que el día sea aún más perfecto.

Los alumnos del grado tercero son extraordinarios, ese curso a pesar de ser el más numeroso es el más juicioso, los niños siempre me saludan con sonrisas y me acuerdan que tengo clase con ellos, cuando me coge la tarde siempre hay dos de ellos que me esperan con ansias en la puerta del salón de clase, y eso no es nada, a veces les encanta llevar mis cosas cuando ven que estoy muy atareada.

Cabe resaltar que casi siempre al comenzar la clase les recuerdo los puntos positivos y ellos se emocionan cada vez más, saben que no me gustan las peleas, ni que se traten mal y el que ande en esas también los mando a copiar de pie al lado de su puesto hasta que se acabe la hora o las horas (aunque bueno, no falta los niños que me piden el favor de que los deje también copiar de pie, les parece algo fabuloso de hacer).

Como todo, los chicos tienen sus caprichos, sus momentos de hiperactividad, de tristeza, y el no dejarles participar en clase los ponen bastante desanimados teniendo a veces que presenciar sus inocentes lágrimas. Por lo menos, un día un niño lloró porque un compañero le cogió una tapa de lapicero, le dije que si seguía así le quitaba puntos positivos, su  escandalo siguió, pero cuando empecé la actividad de refuerzo fue uno de los niños que más participó.

Hay una niña que tiene un temperamento fuerte y decidido, pero cuando no tiene la oportunidad de decir la respuesta de cualquier pregunta se pone triste y dice que no quiere participar, pero al fin y al cabo su ansiedad le gana que termina levantando la mano.

Hay un joven que no tiene uniforme y es mañoso para copiar, un día en descanso mientras les explicaba a dos compañeras  acerca del tema visto en clase, le pregunté porque no utilizaba el uniforme y lo que me respondió (me generó mucha sorpresa y recordé mi infancia llena de tantas comodidades, que solo él puede anhelar con un pesado suspiro) fue “profe, mi madre no tiene dinero y tampoco tengo los libros para hacer las actividades” y para que no viera mi cara de asombro, miré su cuaderno e hice como si fuera algo normal y le respondí: – “pero tienes cuadernos y algo con que copiar, entonces no es excusa para no estudiar, y como no has desayunado ve come algo y vuelve al salón para que sigas copiando” cuando le dije eso, el niño me dio una sonrisa, se levantó, compró, llevó la comida a su puesto y mientras seguía sonriendo reanudó su actividad con el cuaderno, mientras me ofrecía un poco de su descanso (Acto que tuve que rechazar).

Ya al adentrarme a los grados inferiores como primero y segundo, solo puedo decir que el tener paciencia, tolerancia y una voz de acero es lo más esencial para sobrevivir.

Los pequeños de primero… vaya, solo se resume en una sola palabra “SALVAJES”, a pesar que solo son 10 niños de 6 años, es como si ellos se duplicaran e hicieran miles de estragos. Por ejemplo, hay una niña que grita cuando toca hacer algo, el otro se tira al piso, otros niños juegan a golpearse, hay una nena que mantiene mirando la nada, y hay una que otra que son juiciosas y tratan de colaborarme para mantener la clase en orden, pero al fin de cuentas, terminan jugando.

No dudo que la mayoría trabaja, pero uno necesita ser un pulpo para mantenerlos en calma, porque el momento en que se baje la voz, en que no los mire constantemente se descontrolan. Los padres de familia que me han llegado a conocer, ven en mí una mirada de desespero, llegando yo a esperar a que cada uno de ellos cojan las cosas de sus hijos y se los lleven pronto a sus casas.

Estos pequeños “salvajes” a veces me reciben con un abrazo o se disculpan por su comportamiento, pero queda en mi aquella sensación de comprar cinta industrial y amarrarlos en sus asientos para que nunca se muevan… lástima que esté en contra de las reglas.

Ya el segundo grado hay un gran abismo de diferencia, a pesar que solo se llevan un año de edad son más “tranquilos”, en el sentido de que son más atentos, cumplen sus obligaciones, hacen sus actividades, les fascinan los juegos y más los puntos positivos. Las notas son importantes para ellos, pero no tanto como ver una carita feliz en la lista que llevo.

Sin embargo, los hombrecitos de ese grado se creen como ninjas, guerreros, mantienen golpeándose, tirándose al piso, mordiéndose y todo por cosas insignificantes, como por ejemplo un dibujo, un color, un lápiz, etc. Las niñas gracias a Dios no se jalan de los cabellos, pero sus constantes quejas de que “me miró mal”, “no me quiere prestar nada”, “me dijo odiosa”, e infinidad de expresiones hace que yo respire hondo más de una vez.

Ellos cuando ven que me estoy poniendo de malgenio dicen, “No más bullying”, esa frase se las expliqué un día que estaban insoportables y precisamente se encontraban en un examen acerca de ese tema, y para que no siguieran en esa tónica les di ejemplos acerca de sus malos comportamientos que estaban realizando, desde ese día cuando me ven mirándolos fijamente gritan “NO MÁS BULLYING” y la calma vuelve a su rumbo…. Lo especial de este curso es que siempre me reciben con abrazo grupal, eso me alegra, aunque mis costillas, mi cabello y a veces mis pies exclaman todo lo contrario.

Ser docente es más de lo que yo podría expresar, las anécdotas que he tenido que vivir en tan poco tiempo de cierto modo me han enriquecido, una vez más recordé como era ser una simple niña; la paciencia que uno debe tenerles es inmensa, pero el afecto que les va cogiendo a cada uno es indescriptible.

Sacar notas no es mi propósito, de por si más de uno no entrega nada, pero con que participe y se esfuerce en clase es lo más importante. Siempre he pensado que las notas en un papel no valoran de verdad el desempeño del alumno, solo es un triste sistema que amenaza a la humanidad para que se den resultados cuadriculados y se siga el clásico modelo de la educación.

Para finalizar, no solo siento admiración por esos niños que a pesar de sus locuras y etapas de pereza saben gozar de la vida, siguen las modas, se expresan sin miedo, se burlan entre sí y las venganzas son tan dulces que se vuelve un juego, y lo más significativo, es el llegar a no subestimarlos… por momentos me acongojo cuando los padres acolitan la pereza, ellos no saben cómo los perjudican, si supieran de lo que son capaces no dirían tales cosas como “no les deje actividades”, “no hagan nada”, “las actividades en casa no son verdaderos refuerzos”…esos niños tienen el mundo en sus manos, pero padres de ese tipo hace que las propias capacidades de sus hijos empiecen a cohibirse, convirtiéndolos más adelantes en seres  mediocres, flojos, culpando a terceros de sus propios errores y olvidando la brillantez con que fueron creados.

ANTE

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