EL CAOS DE UNA MOSCA, ES LA SATISFACCIÓN DE UNA ARAÑA

Las carreras de autos tienen diferentes perspectivas ante el ojo humano: Peligrosa para quienes le temen, un sueño para los que la anhelan, una pasión para quienes la viven y una realidad para quienes la lamentan.

 

Por William A. Calderón

Las frías noches de Bogotá se calientan velozmente cada jueves, donde en la última hora del día, el sonido de los motores y las llantas frenando el seco, dan comienzo a los tan esperados piques ilegales, la “pasión” de universitarios y profesionales, jóvenes entre 15 y 27 años, que ponen en juego desde cincuenta mil pesos, hasta los cinco millones, la victoria sobre sus vidas.

A eso de las once de la noche, en el norte de la capital colombiana, la avenida “Pepe Sierra” es anfitriona de las famosas carreras de la vida, en el que las mujeres hermosas, el alcohol y los lujosos autos opacan la luz de las estrellas y le quitan el freno a esta acelerada pasión.

En el minuto cero, cada conductor se pondrá frente al volante, expectativo a pisar el acelerador y con una única opción: terminar la carrera. La mirada se fija en la hermosa mujer de tes blanca, ojos grises, labios rojos y cabello tan oscuro como la noche; con dos banderillas en cada mano y con tan poca ropa, que acelera el corazón de los conductores y espectadores y calienta más que el motor de los autos retumbantes que arrancan cuando ella baja sus brazos.

“La carrera comienza, la sangre se enfría; los nervios recorren todo tu cuerpo, pero aquí no hay opción de frenar”, concluye “Frenar es una equivocación y como todas las equivocaciones en la vida, tienen una consecuencia; esta, puede ir desde el dinero, hasta la vida”

Los conductores guardan una sonrisa para el final, mientras en la meta, los espectadores esperan ansiosos al ganador. Un tanque lleno de gasolina o una botella llena de aguardiente puede ser la recompensa en el peor de los casos para el triunfador, en donde el título, vale más que el dinero.

Sabiendo que el tiempo es relativo, las carreras duran tanto como lo que se demore alguien en llamar a la policía y termina tan pronto cuando la policía se acerque. Los autos que tienen modificaciones de tres hasta sesenta millones, compiten en carreras ilegales que duran desde los cinco minutos, hasta la media hora, tiempo suficiente para que los participantes y espectadores se crean en la gloria.

No todos los sueños son iguales, ni todas las pasiones son sanas, algunas son mal vistas, otras son aclamadas; y, quedan pasiones como estas, peligrosas pero amadas. “Lo peligroso es adictivo y lo prohibido es tentador”. Cada quien vive su vida a su manera, algunos la toman lenta y otros le pisan el acelerador, pero al final, como se decía en piques ilegales: “El caos de una mosca, es la satisfacción de una araña”.