CARTA DE UN DESDICHADO

Veo tu foto en mi mesa y no logro calmarme… ¿sabes?, mi mente es un puñal y lo único que puedo es llorar, por eso he decidido destrozar lo único que me has dejado.

 

 

Querida…

365 días, 12 meses, 24 horas, 60 segundos y ni un suspiro de ti.

Te amé desde el primer momento en que te vi… Estabas sola, triste, ahogando tus penas en aquella bebida, supe en ese momento que tú eras mía, y aun en mi manojo de nervios quise conocerte y alegrarte el día; sabía que me ibas a creer un demente y aun así no me importó nada.

Sé que nunca te lo dije, pero, estabas hermosa y más cuando me acerqué a ti, creí nacer de nuevo y contemplar un ser celestial nacido de aquel mágico cielo; en eso, al estar parado por fin al frente tuyo, en medio de mi torpeza solo pude pronunciar dos palabras: – Buenos días; y tras ver que solo me sonreíste de forma sarcástica, no me importó nada, solo quería conocerte, entonces decidí sentarme al frente tuyo; tomar algún papel  y en vez de escribir mi número telefónico, solo plasmé un “hola” con una carita feliz y al pasártelo sonreíste por primera vez, y solo en ese segundo supe que eras la dueña de mi mente y mi corazón.

Puede sonar patético, pero te amé… te amé tanto que ahora me arrepiento de mi decisión, mi patético corazón no supo lidiar con tus miradas, tus caricias, tus besos y tu resplandeciente locura; me encantaba que tomaras parte de mi vida para que pudieras salir de tus inexplicables tristezas… y aun así mi amor fue tan grande que no llegué a sentir dolor alguno por tus imperfecciones.

Desde ese momento en que nos conocimos en aquella cafetería, nuestros encuentros fueron cada vez más anhelados, parecíamos como si jugáramos a ser como Romeo y Julieta o Dante y Beatriz, viviendo algo sin sentido y al mismo tiempo con tanta pasión, pero… la muerte nos asechaba con un profundo fondo de piano, melodías tristes y palabras no pronunciadas.

Estuvimos juntos tantos meses y no fuiste capaz de decirme la verdad… estabas muriendo, no solo de amor, sino que morías por tus pensamientos, tus angustias, tu salud… morías lentamente mientras me besabas y me dedicabas palabras de un “por siempre”; e incluso, me demostraste que la esperanza no es una estrategia, mientras contemplábamos los miles de atardeceres y yo trataba de comprenderte… y ahora, por tu mundo de cristal estoy desfalleciendo y deseando ver de nuevo tus ojos de color café.

Ahora mis recuerdos me atormentan cuando llegó ese día, sino hubiese sido por la inesperada llamada de uno de tus conocidos no habría sabido nunca la causa de tu desapego hacia mí; en eso, al escuchar la verdadera realidad solo pude dirigirme a tu casa, entrar en ella, y verte ahí dormida con tu tez igual al de un papel, tu mirada cristalizada y tus baldosas siendo los únicos testigos de la última faceta de leucemia… y aun así, me acerqué a ti, tomé tu fría mano y por un momento creí que te había perdido, hasta que susurraste un tormentoso: “lo siento”, mientras cerrabas tus hermosos ojos.

En medio de mi pena, por fin entiendo porque estabas triste el primer día que te vi, habías recibido una nefasta noticia de tu médico, en el que te advertía el poco lapso de vida que te quedaba, y en vez de estar en tratamiento te quedaste conmigo… lo siento tanto, que ahora no estés a mi lado y que nunca supiera a tiempo cual era tu realidad.  

Te amé, te amo y te amaré, pero en medio de este proceso te he odiado por haber sido tan egoísta conmigo y haberte alejado de mí sin ningún previo aviso… solo las gotas de sangre en mi ropa, tu cuerpo como pluma y el desespero de la desoladas calles fue mi irreal despedida, recordando cuando cantabas a todo pulmón la canción de Alci Acosta: El último beso… ahora sé, porque me la recomendabas y me decías: -“ canta conmigo, antes de que mi voz desaparezca y no sienta el poder de esta”.

Querida, no quiero pronunciar tu nombre, porque si lo hago moriré contigo y sé que no quieres eso, ya ha pasado unos cuantos meses de tu escalofriante despedida… ¿sabes? aun te recuerdo, te anhelo, te amo, y te extraño; léela, antes que mi famélica alma se encuentre con la tuya y nos dirijamos a tu morada, a tu mundo sin luna.

 

Te amo, tu hombre sin esperanza.

…Adiós.

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ANTE